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Los relatos incompletos…

Lo relatos incompletos son nuestros mayores “enemigos”. Aquellas historias que contamos (y nos contamos)  donde  eludimos una cara de la moneda. No hay día sin noche, no hay amanecer sin oscuridad, no hay verano sin invierno.

Tendemos a sopesar una parte de la historia… ofreciendo un exceso de optimismo (de un momento o situación ideal hacemos un todo… ocultando el esfuerzo o también algunos sinsabores del camino) o el dolor nos hace no ser capaces de valorar también lo que esa situación nos aportó (sí, aunque sólo sea demostrar tu fuerza para salir de allí, tu autosuperación… o de a pesar de… seguir aquí peleando)

Simplemente por inteligencia (que hace poco una persona me la definió como la capacidad de hacer más fácil lo que es difícil) y justicia, contarnos un relato equilibrado, con su cara y su cruz, es más auténtico, constructivo, ¡y sano!

Porque cuando tapamos la cara o la cruz, no somos justos con nosotros ni con el resto… porque en esos relatos, creamos historias de superhombres y supermujeres (puede que haberlos haylas…pero yo no los conozco) , de vencedores y vencidos malvados (salvadores con historias épicas), o de víctimas y verdugos (ante el malvado opresor). Y salvo en el cine, raramente adoptamos roles tan extremos, ¿no crees?

En estos relatos (que contamos o nos contamos), se nos olvida incluir el golpe de suerte (que rara vez, pero los hay), la temporalidad del momento, la capacidad y esfuerzo real demostrados, o la autosuperación,  ni la parte de responsabilidad de unos y otros….

Porque la realidad es más equilibrada en muchos casos… y aunque las vivencias y percepciones son altamente subjetivas, las historias que nos contamos desvirtúan la objetividad (si es que existe) de la realidad, inclinando la balanza y haciéndonos asumir un papel (salvador, víctima,…) que en el fuero interno sabemos que no es del todo cierto…porque ni lo negro es tan negro ni lo blanco tan blanco… y es en definitiva esa incongruencia la que nos genera malestar e incomodidad….

Pues en el fondo, cuando integramos las diferentes partes de la historia, aunque a veces no es tan fácil…es cuando logramos la tranquilidad y la capacidad de reconocer también el bien en uno mismo y en el otro… y se abre la capacidad de apreciar lo vivido (con su cara y su cruz)… y seguir avanzando.

Olaia Agirre | OAZ Coaching para el cambio

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