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Un viaje a través del proceso de cambio

un viaje a través del proceso de cambio

Todo proceso de cambio implica cuestionar el por qué y el para qué, los procesos y cuestionarnos a nosotros mismos.

Cambiar significa soltar o dejar atrás determinados procesos, hábitos, conductas,… de los que somos conscientes y de los que no tanto, y acoger nuevas formas de hacer, de comportarnos y relacionarnos, de pensar, de sentir, de ser.

No es un proceso fácil, y aunque mucho se habla de cambiar, el cambio intencionado (no obligado por las circunstancias), no es tan habitual, aunque sus frutos pueden ser dulces.

Muchas veces cambiamos empujados por las circunstancias… mantenernos donde estábamos ya no es posible o es muy doloroso… otras veces, las menos, es algo intencionado.

Podríamos decir que el cambio surge de:

  • El dolor: Sostener la situación actual genera unos costes (personales, en el equipo, en la organización) que no estamos dispuestos a soportar más: «Hasta aquí»
  • La oportunidad: Cuando en el horizonte se identifica (a veces sólo lo ves tú ;-)) una oportunidad lo suficientemente atractiva como para retarnos y movilizarnos
  • Inspiración: Cuando descubrimos que hay otras maneras de hacer, relacionarnos, pensar… que sencillamente, no «existían en nuestro mundo» y este «descubrimiento» nos abre un mundo de posibilidades. Normalmente conectado con los dos puntos anteriores, pues tomamos consciencia de una oportunidad (mejores formas de trabajar,…) y pues nos lleva a tomar consciencia de las ineficacias (y dolor) que estamos viviendo y la oportunidad
  • El aprendizaje: es el paso natural en el proceso de desarrollo. Cuando integras (no únicamente intelectualmente) algún aprendizaje, normalmente ya no te sirve el lugar anterior. «Yo he cambiado, todo ha cambiado»
  • Cuando recibes tanto que te sientes capaz de cambiar. Benditos esos espacios y entornos que te hacen de red de seguridad a la par que te impulsan, que te hacen sentirte lo suficientemente seguro como para intentarlo.

Pero además, es necesario abrirnos a estudiar la posibilidad de explorar otras opciones.

Suele ser un proceso lleno de emocionalidad y subjetividad. No es la realidad, sino cómo estoy viviendo yo esa realidad, por lo que buscar momentos donde tomar cierta distancia y cierta objetividad, para poner en tela de juicio (en su totalidad o en parte) las percepciones, hábitos o comportamientos… es necesaria.

La máxima de no tomes decisiones ni esos días que todo lo ves negro y del revés, ni cuando te sientes eufórica… suele ser conveniente seguir.

El cambio con cabeza y corazón.

También es importante, en ese proceso de exploración, reconocer aquello que sí aporta valor y debe continuar, y hacer un reconocimiento explícito («parece que todo lo hacemos mal»), pero también aflorar todas aquellas inercias e ineficacias en las que hemos ido cayendo de manera no consciente y que se han ido asentando. Una foto en la que salen luces y sombras y que toca aceptar.

Un proceso que dependiendo la elasticidad o la rigidez de las personas (de manera individual y colectiva), puede ser más o menos fácil de transitar.

Una foto que puede escocer un poco, pero que debe ser tomado como un regalo, ya que el objetivo no era «sacar los colores», sino la propuesta de avancemos, pongamos los medios para mejorar. ¿No tenemos acaso todas las personas, un espíritu de mejora dentro?

También suele ser el momento en el que algunas personas sienten «ya era hora de que se hiciera algo al respecto».

Es importante no minimizar ni pasar de puntillas por esta etapa (puede dejar heridas profundas que reclamaran atención… y siempre emergerán como nos decía Murphy, en el peor momento).Tampoco recrearnos y estirar el chicle (cuidado con caer en la victimización).

El choque entre el cambio y la continuidad o cómo viven el proceso las persona que promueven el cambio y las que lo viven. Entender las fases y las diferentes necesidades en cada momento, así como las emociones que pueden experimentar las diferentes personas que participan en el proceso nos puede ayudar a proponer y avanzar de manera más efectiva en cualquier proceso de cambio que estemos desarrollando.

Es un momento que requiere grandes dosis de templanza y compasión. No la compasión cristina «de pena», sino la compasión (tal y como la define Michael West) entendida como la empatía profunda de entender y acompañar a la par que se ofrece una mano amiga, recursos para transitar el proceso.

Algunas ideas objetivas sobre los posibles siguientes pasos o la dirección a seguir, recursos para facilitar el siguiente paso, la posibilidad de hablar (si se desea y procede) del impacto que esto genera en uno y/o en el grupo.

Es el duelo (a veces leve, otras veces profundo), que precede siempre a la aceptación. Un duelo emocional que será el que permita que nos abramos de manera constructiva a nuevas oportunidades, a nuevas opciones. Un duelo que de no realizarlo, corremos el riesgo de caer en la búsqueda de culpables, de echar balones fuera,… actitudes todas ellas que consumen mucha energía, pero que nos alejan, cada vez más, del objetivo: seguir avanzando.

Nuevas opciones entre las que podremos buscar aquellas que en el contexto particular en el que estamos, y con el objetivo perseguido, nos permitirán ir dando pasos.

Porque el cambio no supone únicamente el abandono de conductas o actitudes sino, sobre todo, la adquisición de otras nuevas. Y sosteniendo, apoyando, tomando decisiones que llevaremos a la práctica, pequeños pasos que abrirán la puerta a otros grandes pasos, y grandes pasos que reclamarán actuaciones pequeñas, o importantes pero discretas, es como se logrará que los cambios efectivos se empiecen a observar.

Hasta que un día empecemos a escuchar aquellas frases que tantas veces has repetido (sí, otra vez lo tienes que decir, otra vez hay que explicarlo… ;-)) entre las personas de tu equipo, como algo que ya no cuestionamos, como algo que hemos interiorizado.

Pero cuidado, que es importante estar atentos porque las inercias que tan interiorizamos teníamos no se rinden tan fácilmente. Pueden asomar cuando menos lo esperamos… por lo que es importante hacer seguimiento, crear momentos de consciencia, de cómo lo estamos haciendo y cómo podemos seguir mejorando. Un ejercicio de reflexividad, tan sencillo de proponer, como complejo e impactante que cuando un equipo lo interioriza, ha conseguido una ventaja competitiva difícilmente replicable.

Imagen portada: Foto de averie woodard en Unsplash

Olaia Agirre | OAZ Coaching para el cambio

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